jueves, 3 de enero de 2013

Suiza (día 1)

El 1 de noviembre aterrizábamos en Ginebra, a las siete de la tarde aproximadamente, una amiga (vamos a llamarla Señorita Ceres) y yo. Allí nos esperaban otras dos amigas que habían ido a recogernos ya que el resto de la misión había volado hacia allí a primera hora de la mañana. Una vez montados en el coche alquilado comprobamos que el tráfico en Ginebra era infernal. Tardamos mucho en llegar al hotel Calvi donde habíamos quedado con los demás. En el hotel teníamos reservadas dos habitaciones cuádruples y la que me tocó a mí estaba muy bien, bastante grande y con su tejadito abuardillado. Lo malo era que la ducha era un agujero en el suelo.

Después de dejar las maletas y en vista de la hora que era y que suponíamos que en Suiza harían horarios normales con las comidas, nos fuimos a dar una vuelta para buscar un sitio en el que cenar. Tras unas cuantas vueltas acabamos en un chino que tenía un menú de 25 francos. La comida estaba bien aunque no todo el mundo se pidió el menú, algunos pidieron platos sueltos. El camarero era bastante majo y nos conseguimos entender con él -más o menos- e incluso le convencimos, aunque allí no es costumbre, de que invitara a un chupito de sake a una amiga (Señora Hathor).

Después de cenar dimos otra vuelta para buscar un sitio para comprar un poco de tónica porque el primer objetivo del comando mañana nada más aterrizar fue comprar una botella de ginebra y querían tomarse una copa para dormir. Nos juntamos en nuestra habitación, que era la más grande, y estuvimos planificando lo que pensábamos hacer al día siguiente.