jueves, 10 de enero de 2013

Suiza (día 5)

A la mañana siguiente volvimos a visitar Lucerna, esta vez sin lluvia pero con frío, hasta que llegó la hora de despedir a uno de los miembros del grupo que volvía para Madrid antes que los demás. Quedábamos siete.

Nos fuimos a comer unos kebaps y enfilamos el coche camino a Zürich parando en Zug. Lo gracioso de Zug fue que cuando nuestro coche estaba llegando pregunté dónde habíamos quedado con el otro coche y nadie lo sabía. Pero para que no tuviéramos que preocuparnos, recibimos un mensaje que nos informaba que unas compras que se habían hecho en Lucerna habían sido olvidadas en el Kebap así que volvían a por ellas. Que ya si eso, cuando volvieran, pues que nos llamaban a ver que tal. Y total, que Zug, un pueblo más. No teníamos ni idea de por qué habían decidido ese pueblo así que tras debatir si nos quedábamos en el coche esperando o salíamos, dejamos el coche aparcado en la estación de tren, pagando, claro, y nos fuimos en búsqueda de algo que ver preguntando a una pareja que nos dijo que podíamos ir de "shopping" para un lado o de "old buildings" para el otro. Optamos por los "old buildings" y, la verdad, si tuviera que destacar algo del pueblo, sería: el aviario que había junto al lago, el lago propiamente dicho que era inmenso y como estaba el día malo había hasta olas y parecía el mar, y unos cisnes muy simpáticos que nos perseguían para que les diéramos de comer y nos pusieron cara de pena y nos convencieron para ir a comprarles pan y dárselo.

My friends.
En Zürich alquilamos dos apartamentos para 4 aunque solo éramos 7 porque era lo más barato que vimos. Los apartamentos no tenían recepción y teníamos que ir a recoger las llaves a un chino que estaba debajo. Cuando llegamos y le contamos la película a la china -siendo solo dos los que habíamos entrado al restaurante- nos dijo que solo habíamos reservado un apartamento. Le dijimos que no, que eran dos y se puso a llamar a la dueña a ver qué le contaba. La dueña le contó lo mismo, que solo teníamos uno. Para aquel entonces ya había llegado quien había hecho la reserva con la hojita de booking impresa para demostrar que habíamos reservado dos apartamentos. Al final, la mujer nos dijo que no sabían de quien era la culpa, si de booking o de ellos, pero que tenían un apartamento libre y que si lo queríamos nos lo dejaban al mismo precio que teníamos la reserva. El único problema era que no tenía las 4 llaves del otro apartamento ahí y que nos las tenía que dar al día siguiente. Obviamente le dijimos que sí. Dejamos las maletas y nos piramos a un supermercado a comprarnos la cena. Los apartamentos eran impresionantes. Habríamos entrado los 7 en uno seguro. El salón era gigante, con internet, televisión y reproductor DVD. También había otro televisor en las habitaciones grandes. La bañera era tan grande que te podías tumbar en ella completamente.