sábado, 5 de enero de 2013

Suiza (día 2, parte 2)

Dos horas después de que llegara el otro coche, llegamos a Berna. Que digo yo que aunque fuera la ruta más corta y no la más rápida, dos horas de diferencia me parecen mucho, pero bueno. Los del otro coche ya estaban al borde del infarto pensando que habíamos tenido un accidente y que iban a tener que repatriar los cadáveres y todo ese jaleo que hay que montar, pero al vernos se pusieron "muy contentos" y les explicamos que no había sido culpa nuestra (¿?). Quizá unos días después pensaran que habría sido mejor no volvernos a ver pero ese es otro tema y no quiero entrar en especulaciones.

Berna está bien. Así sin guía y dedicándose solo a ver la ciudad paseando por las calles sin un objetivo claro, se ve en una mañana: cruzar uno de los puentes por encima del río, un par de plazas y miradores, los osos y el jardín de rosas (sin rosas en esa época). Mientras, callejeas y ves los relojes, las calles y eso. No hay más. Comimos allí antes de irnos y en nuestro afán de conocer todas las culturas y gastronomías acabamos en un restaurante... italiano. Ese es nuestro estilo, chino e italiano. En Suiza. Pasta y pizza. Bastante buena pero poca novedad. Una de las cosas más bonitas de todo el viaje fue que para tener tanta nieve y tanto lago, venden el agua como si fuera oro. Medio litro aproximadamente 5 francos. Si pedías el litro entero la ganancia era considerable, unos 9.8 francos more or less. Salía mejor un refresco o la cerveza pero qué le voy a hacer, llamadme gourmet pero cuando llevo todo el día andando sin beber apenas, me gusta comer con agua y no con cerveza. Así soy yo.

Lo que viene a ser Berna.
Pues nada, que cogimos el coche y nos fuimos de camino a Interlaken, nuestro segundo lugar de pernocta, donde pasamos dos días. De camino paramos en algún pueblo, Thun creo que se llamaba, pero vamos, lo típico de los pueblos suizos: lagos, castillos y ningún hueco para aparcar ni siquiera en zona azul como empezaba a ser habitual en toda Suiza.