lunes, 7 de enero de 2013

Suiza (día 3, parte 1)

El tercer día, después de desayunar en la sala común unos zumos y unos batidos con bollos, cogimos el coche y tiramos para las cuevas que nos había indicado la recepcionista. Llegamos sin problemas, aparcamos los coches en el aparcamiento de las cuevas que estaba totalmente vacío y nos pusimos todos a leer el cartel donde nos contaban en alemán y en inglés que la hora de apertura eran las 10 por lo que nos quedaba una hora de espera. La gente se fue a hacer fotos al lago pero otro amigo (Señor Deceto) y yo que nos quedamos leyendo el cartel llegamos a una sección que nos llamó la atención.

Fotos al lago.
Estábamos cada uno leyendo en silencio cuando llegué a la parte en la que estaban las fechas de apertura. Paré, miré la fecha en mi reloj, miré al Señor Deceto, miré al cartel, miré al Señor Deceto, me miró, miramos al cartel y decidimos llamar a los demás para comunicarles que o entendíamos muy mal el inglés o habían pasado por alto un detalle. Según el cartel, la temporada de apertura era "until the last Sunday in October" por lo que habiendo llegado a Suiza en noviembre, y aunque no indicara un día exacto, creíamos muy improbable que estuvieran abiertas. Decepción y risas generales por igual, recuerdos a la parda de la recepcionista que no nos advirtió y fotos y subida a las cuevas que "ya que habíamos ido hasta allí, algo había que hacer".

Subida a las cuevas.
Resultó que el camino que subía a las cuevas se cruzaba con unas rutas de senderismo que estaban muy bien indicadas y en las que se indicaba en un cartel que, casualmente, al pueblo siguiente al que pensábamos ir para ver unas cascadas muy famosas se tardaba una hora y cuarto. Pues ea, que nos vamos para allá de treking, vemos las cataratas y nos volvemos otra vez. Una hora de ida y una de vuelta. "No es mucho". Y si a alguien no le apetece, se coge el coche, se va para allá y nos espera tomando algo. Y así fue, dos amigas se llevaron los coches y el resto de treking. Haciendo esa ruta es donde yo empecé a flipar con Interlaken, Suiza, el cambio climático y lo que uno cree cuando va a ir a los Alpes en noviembre. Era un día tan soleado que acabamos en manga corta, y en pantalón corto no, porque no podía. Yo, que había llevado abrigo con forro polar, sudaderas gordas, camisetas de manga larga, camisetas de manga corta, camiseta térmica, vaqueros gruesos, pantalón corto, medias de fútbol, calcetines gruesos y botas de montaña (no llevaba todo puesto porque mirando por la mañana el tiempo ya se vio que no iba a ser necesario y uno es tonto pero no tanto), en manga corta. En noviembre. En Suiza.

Total, que hicimos la ruta en un tiempo un tanto superior a una hora. La Señorita Ceres y yo nos adelantamos porque yo ya tan despacio no puedo y aún así fue más de una hora y cuarto. Eso sería para gente con ritmo, gente que no va de charleta, haciendo fotos y parando cada dos por tres porque no tiene ni idea de si va en la dirección correcta o va a aparecer en medio de Suiza solo, rodeado de pinos y lagos, sin saber alemán y sin saber donde están los coches.

De treking.
¡Ah!... los coches. La pareja de conductoras llegó al pueblo, aparcaron y ya que estaban allí fueron a preguntar dónde estaban las cataratas. Las cataratas son famosas porque al parecer es donde murió Sherlock Holmes en la última novela (¡uy! os he reventado el final). Que ya ves tú que forma más tonta de hacerse famosas pero allí que íbamos nosotros en un alarde de turismo inteligente fuera de lo común. En fin, que me desvío, estaba preguntando la Señora Hathor como ir a las cataratas en un inglés del estilo "Open atrás" y los lugareños del pueblo les decían que cogieran el coche, tiraran para no sé donde 40 kilómetros y que allí las verían. A lo cual ella respondía que no, que eran unas que estaban en ese pueblo, donde murió Sherlock Holmes. Y claro, pues los lugareños que sí, que ya, pero que cogieran el coche, tiraran 40 kilómetros y allí están, tan bonitas y con su agua y sus cosas de cataratas. Pero que en ese pueblo no había cataratas, que lo más parecido era el lago que podían ver. Así que nada, tocaba esperar y luego, pues irse de allí a las cataratas pero como la hora que supuestamente íbamos a tardar ya había pasado y no aparecíamos por ningún lado, hubo un momento que empezaron a preguntarse si no serían ellas las que estaban en un pueblo incorrecto y nosotros habíamos tomado la ruta correcta por el sendero y nos íbamos a hacer unos bonitos 40 kilómetros a pie hasta allí por lo que empezaron las llamadas telefónicas para disfrutar de esa maravilla que brinda la Unión Europea que es el roaming.