viernes, 11 de enero de 2013

Suiza (día 6 y 7)

El penúltimo día cogimos los coches y nos fuimos a ver las cataratas del Rhin. De lejos no impresionan tanto pero cuando te asomas a los balcones en los que puedes tocar el agua aprecias la fuerza e inmensidad con la que corre el agua. Aún así no se necesita mucho tiempo para verlas por lo que después nos fuimos para un pueblo que no estaba demasiado lejos y estuvimos dando una vuelta por ahí.

Agüita.
La comida la hicimos en Zürich en una calle en la que hay un montón de restaurantes. Entramos en uno que parecía típico y comimos bien. Más röstis, salchichas con purés y cordon bleu. Eso sí, nos tuvimos que levantar un par de veces para poner el ticket al coche porque también había que pagar en todos lados y era estacionamiento limitado.

Después de comer estuvimos dando una vuelta por Zürich que nos la habían pintado tan mal que nos gustó bastante. De hecho, como ciudad, nos pareció que estaba bastante bien, tenía algunas cosillas que ver y tenía mucho más ambiente que el resto de las que habíamos estado. En la estación de tren que está cerca del río y de la calle en la que habíamos comido, cogimos un mapa con una ruta turística por el centro para hacer en dos horas. Con la sobremesa que hicimos y con la ruta, se hizo la hora de tener que volver a ir a por los coches y como ya llevaba un tiempo siendo de noche y hacía frío nos volvimos a cenar a los apartamentos. Cuando llegamos allí pasamos antes por el restaurante chino para recoger las llaves y preguntarle a la mujer si el día anterior nos habíamos dejado allí un impermeable rosa: a pink thing for the rain. La china nos miraba con cara de no entender nada pero cuando le dijeron "La chaquet", se le iluminó la cara, se fue y volvió con ella.

Zürich.
El último día teníamos que coger el avión desde Ginebra sobre las siete de la tarde así que nos levantamos prontito, cogimos los coches y decidimos pasar por Francia para ir a Chamonix antes de volvernos a Madrid. Hicimos una parada para echar gasolina y elegimos un surtidor que tenía la manguera descolgada y que tuvimos que colgar pero que a la hora de coger nuestra manguera se negaba a darnos la gasolina. Pensando que sería de prepago, la Señora Hator y la Señorita Bast fueron a la caja a decirles que nos habilitaran la manguera y resultó que la última persona que la había usado se había ido sin pagar y que por eso no daba gasolina de otro tipo hasta que no se pagara esa. Como nuestro coche usaba otra gasolina, la empleada las creyó y no pensó que éramos nosotros los que no habíamos pagado y nos dejó echar de nuestra gasolina y pagarle solo lo nuestro.

A mitad del camino también paramos a tomar un café y cuando volvimos a arrancar, de nuevo, nuestro GPS decidió hacernos un cambio de ruta. El otro coche llegó a Chamonix pasando por Ginebra y yendo por la autopista de peaje. Nosotros, en cambio, hicimos una ruta mucho más corta (en kilómetros) pero atravesamos un maravilloso puerto de montaña todo nevado que hizo que tardáramos una hora en recorrer cuarenta kilómetros. Además, descubrimos que las carreteras secundarias son mucho mejores en Suiza que en Francia porque fue atravesar la frontera y notar una diferencia brutal. Pese a todo, llegamos al mismo tiempo.

Chamonix.
Vimos Chamonix otra vez con buen tiempo, comimos unos sandwichs que llevábamos, tomamos el café en una cafetería con una camarera muy maja, seguimos viendo Chamonix y nos fuimos para el aeropuerto de Ginebra, esta vez todos sin atravesar el puerto. Nosotros dimos unas bonitas vueltas por el interior del aeropuerto hasta que encontramos el parking para dejar el coche y sin muchos más inconvenientes cogimos los vuelos de vuelta a España.