martes, 8 de enero de 2013

Suiza (día 3, parte 2)

Una vez ya juntos descrubrimos mirando las guías que sí, que las cataratas de lo de Sherlock Holmes están en Meiringen y que nosotros estábamos en Merligen. Parecidos pero no iguales así que ale, al coche y
caminito de Meiringen. Las cataratas no están mal, hay que pagar para verlas, se sube en un ascensor que va por dentro de la montaña y desde arriba se va bajando, viendo los distintos saltos de agua, por las cornisas y recovecos de la montaña, pero vamos, que si no las ves, tampoco te pierdes nada, aunque claro, algo hay que hacer.
En ese agua me maté yo.
Comimos en el campo cerca de las cataratas otra vez embutido con pan y agua. Con el solecito que hacía y lo a gusto que se estaba, si me das un mini de kalimotxo me quedo allí toda la tarde recordando la época de la univesidad y el paraninfo (¡Ay, qué tiempos!). Como no había mini, recogimos y nos fuimos otra vez a ver pueblos y acabamos en Thun. A verlo en plan en serio que parecía muy bonito, aunque bueno, como todo, un pueblo es un pueblo es. Yo creo que todos queríamos volvernos para el albergue, cenar y echar lo que quedaba de día pero nadie lo decía.

Paraninfo.
En el albergue le preguntamos a nuestra amiga la recepcionista que donde se podía cenar así típico de Suiza y nos dijo dos restaurantes que estaban uno al principio y otro al final de la calle principal por la que habíamos ido el día anterior. Echamos a andar y cuando íbamos por la mitad dedujimos que nos habíamos pasado el primero pero que nadie lo había visto. Luego dedujimos también que la gente iba a su bola y que todo el mundo pensaba que ya estaría pendiente otro. Decidimos tirar para el final para buscar el otro que estaba más cerca pero tampoco lo encontrábamos. Buscamos un poco y ya vimos que es que al parecer tenía como dos nombres y el que más se veía no era el que nos había dicho la chiquita. Eso sí, nos había advertido que ese sitio tenía mucho ambiente, y así era. Nos dijeron que como una hora o por ahí para pillar mesa así que, tras reflexionar un poco, decidimos intentar buscar el primero. Prestando un poco de atención, no era tan difícil de encontrar así que allí cenamos raclette para todos. Los sucesos en el restaurante me los voy a ahorrar porque me producen vergüenza ajena.

La raclette es una plato parecido a la fondue que consiste es una especie de plancha circular eléctrica que tiene dos partes, una inferior donde se pone el queso en unas palitas para que se funda con el calor y una superior donde se pone el bacon, los champiñones, la cebolla y demás para que se cocinen a la plancha.