martes, 22 de enero de 2013

Wreck-It Ralph

El lunes estuve viendo la película y me gustó mucho. Tiene un montón de referencias a muchas cosas pero me apetecía comprobar todas las que tenían que ver con los videojuegos así que he decido recopilarlas aquí. Me he ayudado de un par de sitios que pondré luego al final. De algunas cosas me di cuenta mientras veía la película, de otras me he dado cuenta ahora, otras se me pasaron y algunos videojuegos no los conocía.
  • El propio videojuego Fix-it Félix del que Ralph es el villano es una clara referencia a Donkey Kong. Ralph es similar a Donkey Kong y Félix a Mario.
  • En la terapia de villanos aparecen los malos de muchos videojuegos: Bowser (Mario Bros), Dr. Robotnik (Sonic), Neff (el rinoceronte morado de Altered Beast), Bison y Zangief (Street Fighter), Satán (Diablo), Kano y Smoke (Mortal Kombat), Beholder, Cyborg, un zombi como los de House of the Dead y el fantasma del Pac Man. La sala de reunión es el centro del laberinto de Pac Mac del que vemos irse a los malos en un versión de ellos mismos en 8 bits y del que Ralph se lleva unas cerezas.
  • Cuando una máquina es desconectada y el juego deja de jugarse, los personajes se convierten en vagabundos sin hogar. Este es el caso de Q*bert y se puede ver a sus personajes pidiendo comida en la estación: Q*bert, Coily, Slick, Sam y Ugg.
  • En la estación hay un grafiti que dice "Aerith lives" referenciando a Final Fantasy VII.
  • Cuando los personajes quieren hacer un descanso se van a tomar una cerveza al bar de Tapper donde también hay personajes de Burgertime. En el bar hay una sala con los objetos perdidos donde Ralph encuentra, entre otras cosas, el champiñón para aumentar de tamaño de Super Mario Bros y la exclamación de cuando capturan a Snake en Metal Gear.
  • El videojuego Hero's Duty es una mezcla de Call of Duty y Halo con una protagonista similar a Anya Stroud de Gears of War.
  • El videojuego de carreras Sugar Race está altamente influenciado por el estilo de Mario Karts aunque algo más "azucarado".
  • Para entrar a ver el código del juego, King Candy utiliza el Konami Code utilizando un mando de NES.
  • Durante la película se pueden ver muchos más personajes por la estación, el bar o la fiesta de Félix: Sonic y Tails (Sonic); Dig Dug, Cyril, Pookas y Fygars (Dig Dug); las barras de Pong; Chun-li, Ryu, Ken, Cammy y Blanka (Street Fighter); Peach, Daisy y Rosalina (Mario Bros); Pac Man; Paperboy; Qix; Frogger; y Yuni (Dance Dance Revolution).
Fuentes: Wikipedia en español e inglés e Ign.

miércoles, 16 de enero de 2013

Quitar manchas blancas de la madera.

El otro día pedí la cena a un restaurante que hay cerca de mi casa y cuando me la trajeron, mientras pagaba, dejé la bolsa encima de una mesa de madera. Dentro de la bolsa había una tarrina metálica que debía estar bastante caliente porque aparecieron unas manchas blancas en la mesa. Al día siguiente busqué por internet como quitarlas y me puse manos a la obra.

El caso es que haciendo exactamente lo que dicen en el artículo la cosa no funciona, es más, yo creo que incluso empeora, por lo menos en mi caso. Por eso he decidido escribir esto, para explicar como lo hice y por si le sirve de ayuda a alguien.

En mi caso, la mancha no era muy grande, bastante más pequeña que lo que ocupa una plancha, pero estaba bastante "condensado" el blanco, es decir, no se veía la madera en toda la zona que ocupaba la mancha.

Lo primero que hice fue limpiar la zona de la mancha con un trapo mojado en agua y bien escurrido. Ya solo con esto la mancha se empezaba a quitar y el color blanco empezaba a desaparecer un poco haciéndose más tenue y dejando ver la madera. Después, con un trapo seco, quité toda la humedad que había quedado.

Un par de minutos después, en vista de que parecía que había funcionado, volví a pasar el trapo húmedo y lo volví a secar. Esta vez me dio la sensación de que apenas había cambiado algo. Por eso me decidí a probar con la plancha. Puse una toalla fina encima de la mancha y con la plancha caliente a la mitad de su temperatura máxima la puse encima de la mancha unos segundos mientras la movía un poco. No me atrevía a dejarla quieta encima. Tras quitar la toalla me dio la sensación de que algo había mejorado la mancha, pero a cambio, había pequeñas manchitas blancas en otras zonas de la mesa por las que la plancha había pasado. Tras esto, pensé que la idea de la plancha no merecía la pena pues era demasiado riesgo (quizás debería estar menos caliente) y me puse a pasar el trapo húmedo otra vez. De esta manera, y tras un par de humedecer secar, humedecer secar, quité prácticamente todas las manchas blancas, la original y las que habían salido nuevas. El remate final se lo di aplicando un poco de limpiador de madera tipo Pronto, justo en lugar que todavía se notaba algo que había habido una mancha, dejándolo un par de segundos y pasando otro trapo para extenderlo por la mesa y no dejarlo acumulado.

viernes, 11 de enero de 2013

Suiza (día 6 y 7)

El penúltimo día cogimos los coches y nos fuimos a ver las cataratas del Rhin. De lejos no impresionan tanto pero cuando te asomas a los balcones en los que puedes tocar el agua aprecias la fuerza e inmensidad con la que corre el agua. Aún así no se necesita mucho tiempo para verlas por lo que después nos fuimos para un pueblo que no estaba demasiado lejos y estuvimos dando una vuelta por ahí.

Agüita.
La comida la hicimos en Zürich en una calle en la que hay un montón de restaurantes. Entramos en uno que parecía típico y comimos bien. Más röstis, salchichas con purés y cordon bleu. Eso sí, nos tuvimos que levantar un par de veces para poner el ticket al coche porque también había que pagar en todos lados y era estacionamiento limitado.

Después de comer estuvimos dando una vuelta por Zürich que nos la habían pintado tan mal que nos gustó bastante. De hecho, como ciudad, nos pareció que estaba bastante bien, tenía algunas cosillas que ver y tenía mucho más ambiente que el resto de las que habíamos estado. En la estación de tren que está cerca del río y de la calle en la que habíamos comido, cogimos un mapa con una ruta turística por el centro para hacer en dos horas. Con la sobremesa que hicimos y con la ruta, se hizo la hora de tener que volver a ir a por los coches y como ya llevaba un tiempo siendo de noche y hacía frío nos volvimos a cenar a los apartamentos. Cuando llegamos allí pasamos antes por el restaurante chino para recoger las llaves y preguntarle a la mujer si el día anterior nos habíamos dejado allí un impermeable rosa: a pink thing for the rain. La china nos miraba con cara de no entender nada pero cuando le dijeron "La chaquet", se le iluminó la cara, se fue y volvió con ella.

Zürich.
El último día teníamos que coger el avión desde Ginebra sobre las siete de la tarde así que nos levantamos prontito, cogimos los coches y decidimos pasar por Francia para ir a Chamonix antes de volvernos a Madrid. Hicimos una parada para echar gasolina y elegimos un surtidor que tenía la manguera descolgada y que tuvimos que colgar pero que a la hora de coger nuestra manguera se negaba a darnos la gasolina. Pensando que sería de prepago, la Señora Hator y la Señorita Bast fueron a la caja a decirles que nos habilitaran la manguera y resultó que la última persona que la había usado se había ido sin pagar y que por eso no daba gasolina de otro tipo hasta que no se pagara esa. Como nuestro coche usaba otra gasolina, la empleada las creyó y no pensó que éramos nosotros los que no habíamos pagado y nos dejó echar de nuestra gasolina y pagarle solo lo nuestro.

A mitad del camino también paramos a tomar un café y cuando volvimos a arrancar, de nuevo, nuestro GPS decidió hacernos un cambio de ruta. El otro coche llegó a Chamonix pasando por Ginebra y yendo por la autopista de peaje. Nosotros, en cambio, hicimos una ruta mucho más corta (en kilómetros) pero atravesamos un maravilloso puerto de montaña todo nevado que hizo que tardáramos una hora en recorrer cuarenta kilómetros. Además, descubrimos que las carreteras secundarias son mucho mejores en Suiza que en Francia porque fue atravesar la frontera y notar una diferencia brutal. Pese a todo, llegamos al mismo tiempo.

Chamonix.
Vimos Chamonix otra vez con buen tiempo, comimos unos sandwichs que llevábamos, tomamos el café en una cafetería con una camarera muy maja, seguimos viendo Chamonix y nos fuimos para el aeropuerto de Ginebra, esta vez todos sin atravesar el puerto. Nosotros dimos unas bonitas vueltas por el interior del aeropuerto hasta que encontramos el parking para dejar el coche y sin muchos más inconvenientes cogimos los vuelos de vuelta a España.


jueves, 10 de enero de 2013

Suiza (día 5)

A la mañana siguiente volvimos a visitar Lucerna, esta vez sin lluvia pero con frío, hasta que llegó la hora de despedir a uno de los miembros del grupo que volvía para Madrid antes que los demás. Quedábamos siete.

Nos fuimos a comer unos kebaps y enfilamos el coche camino a Zürich parando en Zug. Lo gracioso de Zug fue que cuando nuestro coche estaba llegando pregunté dónde habíamos quedado con el otro coche y nadie lo sabía. Pero para que no tuviéramos que preocuparnos, recibimos un mensaje que nos informaba que unas compras que se habían hecho en Lucerna habían sido olvidadas en el Kebap así que volvían a por ellas. Que ya si eso, cuando volvieran, pues que nos llamaban a ver que tal. Y total, que Zug, un pueblo más. No teníamos ni idea de por qué habían decidido ese pueblo así que tras debatir si nos quedábamos en el coche esperando o salíamos, dejamos el coche aparcado en la estación de tren, pagando, claro, y nos fuimos en búsqueda de algo que ver preguntando a una pareja que nos dijo que podíamos ir de "shopping" para un lado o de "old buildings" para el otro. Optamos por los "old buildings" y, la verdad, si tuviera que destacar algo del pueblo, sería: el aviario que había junto al lago, el lago propiamente dicho que era inmenso y como estaba el día malo había hasta olas y parecía el mar, y unos cisnes muy simpáticos que nos perseguían para que les diéramos de comer y nos pusieron cara de pena y nos convencieron para ir a comprarles pan y dárselo.

My friends.
En Zürich alquilamos dos apartamentos para 4 aunque solo éramos 7 porque era lo más barato que vimos. Los apartamentos no tenían recepción y teníamos que ir a recoger las llaves a un chino que estaba debajo. Cuando llegamos y le contamos la película a la china -siendo solo dos los que habíamos entrado al restaurante- nos dijo que solo habíamos reservado un apartamento. Le dijimos que no, que eran dos y se puso a llamar a la dueña a ver qué le contaba. La dueña le contó lo mismo, que solo teníamos uno. Para aquel entonces ya había llegado quien había hecho la reserva con la hojita de booking impresa para demostrar que habíamos reservado dos apartamentos. Al final, la mujer nos dijo que no sabían de quien era la culpa, si de booking o de ellos, pero que tenían un apartamento libre y que si lo queríamos nos lo dejaban al mismo precio que teníamos la reserva. El único problema era que no tenía las 4 llaves del otro apartamento ahí y que nos las tenía que dar al día siguiente. Obviamente le dijimos que sí. Dejamos las maletas y nos piramos a un supermercado a comprarnos la cena. Los apartamentos eran impresionantes. Habríamos entrado los 7 en uno seguro. El salón era gigante, con internet, televisión y reproductor DVD. También había otro televisor en las habitaciones grandes. La bañera era tan grande que te podías tumbar en ella completamente.

miércoles, 9 de enero de 2013

Suiza (día 4)

El domingo nos íbamos de Interlaken y mientras desayunábamos en la sala común zumos, bollos y batidos, hubo quien decidió ir a pedir un café al bar. Antes de pedirlo quisieron preguntar cuanto costaba y fue entonces cuando otra chica valenciana que trabajaba allí les dijo, en español, que el desayuno estaba incluido, a lo que ellas respondieron rotundamente: "Noooo, para nosotras no". La chica, con cara de extrañeza, les preguntó que si habían dormido allí y le dijeron que sí. Entonces fue cuando la chica les dijo que todo el que duerme allí tiene el desayuno incluido, que no hay una tarifa para dormir solo. Corrieron a contárnoslo mientras se volvían a acordar de la parda de la chiquita recepcionista -que sí, que muy maja pero muy parda- y nos bajamos todos a desayunar un desayuno en condiciones tipo buffet muy rico. Ahí, mientras seguían hablando de la chiquita, surgió la voz de la cordura y la Señorita Maat dijo que a ella le parecía que la chica había dicho que el desayuno era hasta las 11, nada de 11 euros. La alemanoparlante decía, que no, que no, que había dicho 11 euros y la Señorita Maat volvió a decir que lo mirara en el papel que la chica se lo había apuntado. De como confirmamos que habíamos regalado un desayuno no vamos a decir más porque se resume en que en el papel ponía "11 h.".

Dejamos Interlaken para ir a ver unos pueblos que están en las montañas y a los que solo se puede subir en tren. Dimos una vuelta por allí y disfrutamos de las vistas. Realmente son pueblos de esquiadores y no tienen demasiado que ver pero una vez que estás arriba las vistas son bastante buenas.

Las vistas.
De camino a Lucerna, nuestro tercer lugar de hospedaje, paramos en un bonito bar/restaurante en medio de un mirador que había en la carretera de la montaña con una terraza muy rica donde nos tomamos una cerveza al solecito, con gafas de sol y en manga corta mientras mirábamos como un poco más arriba estaban los picos llenos de nieve.

Fue llegar a Lucerna y estropearse el tiempo. No sé si porque las montañas paraban las nubes en Interlaken o pura coincidencia.

Lucerna es un lugar muy bonito en el que no puedes aparcar los coches en la calle y nuestro hotel no tenía parking así que tuvimos que buscar uno para dejarlo todo el día y que no tuviéramos que hipotecar muchas de nuestras pertenencias para poder pagarlo. Una vez conseguido esto nos fuimos a comer unas fondues, unos röstis y otros platos típicos suizos en un restaurante con wifi donde le pedimos la contraseña al camarero al grito de "Pasport" siendo lo más triste de todo que lo entendió. Tras comer empezamos a visitar Lucerna pero al poco de comenzar se lió el diluvio universal. Lejos de amedrentarnos seguimos paseando mientras nos poníamos como una sopa. Cuando estábamos suficientemente mojados nos volvimos al hotel y nos apalancamos en la habitación parejil hasta que nos entró hambre y nos comimos unos fuets a bocados y otros manjares propios de la dieta de piso de estudiantes.

Lloviendo y de noche. Todo un lujo.
Las habitaciones que teníamos en ese hotel eran dos triples y una doble, para la parejita. Las triples estaban formadas por dos camas abajo y una superior a modo de litera que era tan grande como las otras dos juntas por lo que estaba muy bien.

martes, 8 de enero de 2013

Suiza (día 3, parte 2)

Una vez ya juntos descrubrimos mirando las guías que sí, que las cataratas de lo de Sherlock Holmes están en Meiringen y que nosotros estábamos en Merligen. Parecidos pero no iguales así que ale, al coche y
caminito de Meiringen. Las cataratas no están mal, hay que pagar para verlas, se sube en un ascensor que va por dentro de la montaña y desde arriba se va bajando, viendo los distintos saltos de agua, por las cornisas y recovecos de la montaña, pero vamos, que si no las ves, tampoco te pierdes nada, aunque claro, algo hay que hacer.
En ese agua me maté yo.
Comimos en el campo cerca de las cataratas otra vez embutido con pan y agua. Con el solecito que hacía y lo a gusto que se estaba, si me das un mini de kalimotxo me quedo allí toda la tarde recordando la época de la univesidad y el paraninfo (¡Ay, qué tiempos!). Como no había mini, recogimos y nos fuimos otra vez a ver pueblos y acabamos en Thun. A verlo en plan en serio que parecía muy bonito, aunque bueno, como todo, un pueblo es un pueblo es. Yo creo que todos queríamos volvernos para el albergue, cenar y echar lo que quedaba de día pero nadie lo decía.

Paraninfo.
En el albergue le preguntamos a nuestra amiga la recepcionista que donde se podía cenar así típico de Suiza y nos dijo dos restaurantes que estaban uno al principio y otro al final de la calle principal por la que habíamos ido el día anterior. Echamos a andar y cuando íbamos por la mitad dedujimos que nos habíamos pasado el primero pero que nadie lo había visto. Luego dedujimos también que la gente iba a su bola y que todo el mundo pensaba que ya estaría pendiente otro. Decidimos tirar para el final para buscar el otro que estaba más cerca pero tampoco lo encontrábamos. Buscamos un poco y ya vimos que es que al parecer tenía como dos nombres y el que más se veía no era el que nos había dicho la chiquita. Eso sí, nos había advertido que ese sitio tenía mucho ambiente, y así era. Nos dijeron que como una hora o por ahí para pillar mesa así que, tras reflexionar un poco, decidimos intentar buscar el primero. Prestando un poco de atención, no era tan difícil de encontrar así que allí cenamos raclette para todos. Los sucesos en el restaurante me los voy a ahorrar porque me producen vergüenza ajena.

La raclette es una plato parecido a la fondue que consiste es una especie de plancha circular eléctrica que tiene dos partes, una inferior donde se pone el queso en unas palitas para que se funda con el calor y una superior donde se pone el bacon, los champiñones, la cebolla y demás para que se cocinen a la plancha.

lunes, 7 de enero de 2013

Suiza (día 3, parte 1)

El tercer día, después de desayunar en la sala común unos zumos y unos batidos con bollos, cogimos el coche y tiramos para las cuevas que nos había indicado la recepcionista. Llegamos sin problemas, aparcamos los coches en el aparcamiento de las cuevas que estaba totalmente vacío y nos pusimos todos a leer el cartel donde nos contaban en alemán y en inglés que la hora de apertura eran las 10 por lo que nos quedaba una hora de espera. La gente se fue a hacer fotos al lago pero otro amigo (Señor Deceto) y yo que nos quedamos leyendo el cartel llegamos a una sección que nos llamó la atención.

Fotos al lago.
Estábamos cada uno leyendo en silencio cuando llegué a la parte en la que estaban las fechas de apertura. Paré, miré la fecha en mi reloj, miré al Señor Deceto, miré al cartel, miré al Señor Deceto, me miró, miramos al cartel y decidimos llamar a los demás para comunicarles que o entendíamos muy mal el inglés o habían pasado por alto un detalle. Según el cartel, la temporada de apertura era "until the last Sunday in October" por lo que habiendo llegado a Suiza en noviembre, y aunque no indicara un día exacto, creíamos muy improbable que estuvieran abiertas. Decepción y risas generales por igual, recuerdos a la parda de la recepcionista que no nos advirtió y fotos y subida a las cuevas que "ya que habíamos ido hasta allí, algo había que hacer".

Subida a las cuevas.
Resultó que el camino que subía a las cuevas se cruzaba con unas rutas de senderismo que estaban muy bien indicadas y en las que se indicaba en un cartel que, casualmente, al pueblo siguiente al que pensábamos ir para ver unas cascadas muy famosas se tardaba una hora y cuarto. Pues ea, que nos vamos para allá de treking, vemos las cataratas y nos volvemos otra vez. Una hora de ida y una de vuelta. "No es mucho". Y si a alguien no le apetece, se coge el coche, se va para allá y nos espera tomando algo. Y así fue, dos amigas se llevaron los coches y el resto de treking. Haciendo esa ruta es donde yo empecé a flipar con Interlaken, Suiza, el cambio climático y lo que uno cree cuando va a ir a los Alpes en noviembre. Era un día tan soleado que acabamos en manga corta, y en pantalón corto no, porque no podía. Yo, que había llevado abrigo con forro polar, sudaderas gordas, camisetas de manga larga, camisetas de manga corta, camiseta térmica, vaqueros gruesos, pantalón corto, medias de fútbol, calcetines gruesos y botas de montaña (no llevaba todo puesto porque mirando por la mañana el tiempo ya se vio que no iba a ser necesario y uno es tonto pero no tanto), en manga corta. En noviembre. En Suiza.

Total, que hicimos la ruta en un tiempo un tanto superior a una hora. La Señorita Ceres y yo nos adelantamos porque yo ya tan despacio no puedo y aún así fue más de una hora y cuarto. Eso sería para gente con ritmo, gente que no va de charleta, haciendo fotos y parando cada dos por tres porque no tiene ni idea de si va en la dirección correcta o va a aparecer en medio de Suiza solo, rodeado de pinos y lagos, sin saber alemán y sin saber donde están los coches.

De treking.
¡Ah!... los coches. La pareja de conductoras llegó al pueblo, aparcaron y ya que estaban allí fueron a preguntar dónde estaban las cataratas. Las cataratas son famosas porque al parecer es donde murió Sherlock Holmes en la última novela (¡uy! os he reventado el final). Que ya ves tú que forma más tonta de hacerse famosas pero allí que íbamos nosotros en un alarde de turismo inteligente fuera de lo común. En fin, que me desvío, estaba preguntando la Señora Hathor como ir a las cataratas en un inglés del estilo "Open atrás" y los lugareños del pueblo les decían que cogieran el coche, tiraran para no sé donde 40 kilómetros y que allí las verían. A lo cual ella respondía que no, que eran unas que estaban en ese pueblo, donde murió Sherlock Holmes. Y claro, pues los lugareños que sí, que ya, pero que cogieran el coche, tiraran 40 kilómetros y allí están, tan bonitas y con su agua y sus cosas de cataratas. Pero que en ese pueblo no había cataratas, que lo más parecido era el lago que podían ver. Así que nada, tocaba esperar y luego, pues irse de allí a las cataratas pero como la hora que supuestamente íbamos a tardar ya había pasado y no aparecíamos por ningún lado, hubo un momento que empezaron a preguntarse si no serían ellas las que estaban en un pueblo incorrecto y nosotros habíamos tomado la ruta correcta por el sendero y nos íbamos a hacer unos bonitos 40 kilómetros a pie hasta allí por lo que empezaron las llamadas telefónicas para disfrutar de esa maravilla que brinda la Unión Europea que es el roaming.

domingo, 6 de enero de 2013

Suiza (día 2, parte 3)

En Interlaken habíamos cogido dos habitaciones cuádruples, again, en un albergue. El sitio estaba muy bien, no es lo que yo me imagino cuando pienso en un albergue. Además, habíamos tenido el cuidado de coger habitaciones con baño por lo que debíamos de ser los pijos del lugar que no teníamos que usar los baños compartidos. La ducha era también de agujero, en las dos habitaciones, pero tenía el detalle de estar en otra habitación (o cubículo) distinto al del váter por lo que no empapabas todo cuando te duchabas. Las camas eran dos literas y la habitación en general estaba muy bien. Fue el sitio que más me gustó.

Un pueblo cualquiera.
A la llegada nos aclararon que para aparcar, nada de nada, que en la calle se pagaba a partir de las 8 o las 9, ya no me acuerdo, o que ellos tenían un sitio en el que nos cobraban no sé cuanto por todo el día. Como nos íbamos a ir a ver sitios pronto, lo dejamos en la calle. El albergue estaba lleno de españoles y la recepcionista hablaba español, bueno, estaba aprendiendo y nos enseñó sus tarjetitas con palabras y frases para aprender. Pero como ya he dicho que teníamos alemanoparlantes y querían practicarlo, decidieron ponerse a hablar en alemán. Y así, en alemán, le contaron las cosas del albergue: que el desayuno costaba 11 euros, lo del parking, unas indicaciones para ir a unas cuevas que queríamos ver, qué había que ver en Interlaken y por dónde se salía (exit).

Dimos una vuelta por Interlaken que nos podíamos haber ahorrado porque no tiene nada que ver o no supimos verlo y nos compramos unas cervezuelas y algunas cosillas para la cena. Nos volvimos al albergue y en nuestra planta teníamos una sala común de la que nos adueñamos para disponernos a degustar la cena que teníamos elegida para ese día. El menú consistió en embutidos y similares que habíamos comprado (creo) en algún lugar de Suiza más los que habían traído my friends de España (producto nacional power) acompañados con pan tipical swiss, agua del grifo, cerveza, gin tonics, galletas y unas cookies que había preparado la compañera de la Señorita Isis con temática halloweeniana a la que damos las gracias inmensamente. Lo que viene a ser una dieta de piso de estudiantes, pero mira, ahí estábamos, a tutiplén.

sábado, 5 de enero de 2013

Suiza (día 2, parte 2)

Dos horas después de que llegara el otro coche, llegamos a Berna. Que digo yo que aunque fuera la ruta más corta y no la más rápida, dos horas de diferencia me parecen mucho, pero bueno. Los del otro coche ya estaban al borde del infarto pensando que habíamos tenido un accidente y que iban a tener que repatriar los cadáveres y todo ese jaleo que hay que montar, pero al vernos se pusieron "muy contentos" y les explicamos que no había sido culpa nuestra (¿?). Quizá unos días después pensaran que habría sido mejor no volvernos a ver pero ese es otro tema y no quiero entrar en especulaciones.

Berna está bien. Así sin guía y dedicándose solo a ver la ciudad paseando por las calles sin un objetivo claro, se ve en una mañana: cruzar uno de los puentes por encima del río, un par de plazas y miradores, los osos y el jardín de rosas (sin rosas en esa época). Mientras, callejeas y ves los relojes, las calles y eso. No hay más. Comimos allí antes de irnos y en nuestro afán de conocer todas las culturas y gastronomías acabamos en un restaurante... italiano. Ese es nuestro estilo, chino e italiano. En Suiza. Pasta y pizza. Bastante buena pero poca novedad. Una de las cosas más bonitas de todo el viaje fue que para tener tanta nieve y tanto lago, venden el agua como si fuera oro. Medio litro aproximadamente 5 francos. Si pedías el litro entero la ganancia era considerable, unos 9.8 francos more or less. Salía mejor un refresco o la cerveza pero qué le voy a hacer, llamadme gourmet pero cuando llevo todo el día andando sin beber apenas, me gusta comer con agua y no con cerveza. Así soy yo.

Lo que viene a ser Berna.
Pues nada, que cogimos el coche y nos fuimos de camino a Interlaken, nuestro segundo lugar de pernocta, donde pasamos dos días. De camino paramos en algún pueblo, Thun creo que se llamaba, pero vamos, lo típico de los pueblos suizos: lagos, castillos y ningún hueco para aparcar ni siquiera en zona azul como empezaba a ser habitual en toda Suiza.

viernes, 4 de enero de 2013

Suiza (día 2, parte 1)

El segundo día había que despedirse de Ginebra y abandonar el hotel para coger los coches destino Berna.

El GPS del coche en el que me tocó ir, al parecer, estaba con la opción de la ruta más corta, que no la más rápida, por lo que hicimos un bonito recorrido sin coger autopistas hasta que nos cansamos y se decidieron a preguntar a unos señores en una gasolinera. Éstos nos dijeron que si teníamos lo de los peajes mejor fuéramos por donde nos decían ellos que, aunque por donde decía el GPS también valía, había muchos tractores y se tardaba más. Eso dijeron o me dijeron que les habían dicho.

En Suiza para usar cualquier autopista hay que llevar una pegatina en el coche, a modo de peaje, que te permite utilizarlas. Pero no hay ningún control en las entradas o salidas por lo que si pasas sin la pegatina te pueden poner una multa. Los coches que alquilamos nosotros la llevaban incluida.

Durante el viaje no me apetecía hablar inglés así que dejé que de las cosas generales se ocuparan otros. Entre que había quien lo hablaba mejor que yo, que en Suiza hay tres idiomas oficiales, a saber, francés, alemán e italiano y que en el grupo llevábamos francoparlantes y alemanoparlantes (o eso intentaban) delegué salvo que fuera estrictamente necesario.

Cuando salíamos de Ginebra vimos una moto de esas que llevan un maleterillo atrás. El tío la tenía atada con una especie de correa, supusimos que porque no cerraba bien y le ponía la correa para que no se abriera, pero esta vez no había funcionado porque, pese a la cinta, lo llevaba abierto. Llegamos a un semáforo y nos tocó ponernos al lado de la moto y como somos unas muy buenas personas decidimos hacer nuestra buena acción, para que luego digan que somos maleducados los españoles: bajamos la ventanilla y la Señora Hathor le dijo: "Open atrás", señalando al maleterillo. El tío nos miró con cara de "qué me estás contando" (what are you talking to me o su equivalente en francés, que en Ginebra son muy de francés), ni se atrevió a mirar atrás y salió pitando en cuanto el semáforo se puso en verde.

jueves, 3 de enero de 2013

Suiza (día 1)

El 1 de noviembre aterrizábamos en Ginebra, a las siete de la tarde aproximadamente, una amiga (vamos a llamarla Señorita Ceres) y yo. Allí nos esperaban otras dos amigas que habían ido a recogernos ya que el resto de la misión había volado hacia allí a primera hora de la mañana. Una vez montados en el coche alquilado comprobamos que el tráfico en Ginebra era infernal. Tardamos mucho en llegar al hotel Calvi donde habíamos quedado con los demás. En el hotel teníamos reservadas dos habitaciones cuádruples y la que me tocó a mí estaba muy bien, bastante grande y con su tejadito abuardillado. Lo malo era que la ducha era un agujero en el suelo.

Después de dejar las maletas y en vista de la hora que era y que suponíamos que en Suiza harían horarios normales con las comidas, nos fuimos a dar una vuelta para buscar un sitio en el que cenar. Tras unas cuantas vueltas acabamos en un chino que tenía un menú de 25 francos. La comida estaba bien aunque no todo el mundo se pidió el menú, algunos pidieron platos sueltos. El camarero era bastante majo y nos conseguimos entender con él -más o menos- e incluso le convencimos, aunque allí no es costumbre, de que invitara a un chupito de sake a una amiga (Señora Hathor).

Después de cenar dimos otra vuelta para buscar un sitio para comprar un poco de tónica porque el primer objetivo del comando mañana nada más aterrizar fue comprar una botella de ginebra y querían tomarse una copa para dormir. Nos juntamos en nuestra habitación, que era la más grande, y estuvimos planificando lo que pensábamos hacer al día siguiente.