martes, 19 de octubre de 2010

Hotel Piñero Tal

Es el hotel donde la palabra "todo" tiene menos sentido.

Nos alojamos en el hotel Piñero Tal. Habíamos reservado (y pagado por adelantado) una semana con todo incluido por una oferta que habíamos encontrado por internet.

Es un hotel cutre. Muy cutre.

Cuando llegamos estuvimos esperando 20 minutos a que encontraran nuestra habitación porque según el recepcionista no aparecíamos en las entradas. Luego le hicieron ver que estaba mirando las hojas del día anterior, o del siguiente, no sé.

En las habitaciones solo hay dos enchufes. Uno está ocupado por una tele muy pequeña y el otro está en el cuarto de baño al lado del lavabo. En las normas de la habitación indican que solo se utilice el del baño para máquinas de afeitar o secadores así que, si les haces caso, solo te queda la opción desenchufar la tele para cargar el móvil o cualquier otra utilidad que quieras darle.

El agua caliente no dura demasiado. Bueno, no pasa siempre pero debe ser que si coincide que hay mucha gente duchándose a la vez te quedas sin ella en seguida. Si quieres caja fuerte, baja a recepción a que te den la llave y la pagas (¿todo incluido?). Ellos recomiendan que lo hagas por tu seguridad. La limpieza de la habitación era la justa pues un mosquito que estaba estampado en los azulejos del baño cuando llegamos, seguía allí cuando nos fuimos. Sería un fósil o sería parte de la cenefa.

El hotel está lleno de guiris y debe ser por eso de no estar en su país que se la pela todo. A los del hotel también, porque permiten carreras nocturnas por los pasillos, gritos de madrugada, televisión y música a todo volumen, subir de la piscina chorreando y llenar todo de agua y, en general, pasarse todo el tiempo borrachos molestando a los demás. No era cosa exclusiva de los guiris y no todos se comportaban así pero era o general.

La barra libre decía que era de "segundas marcas" pero a mi me parecieron más undécimas. Eran marcas que no he visto en mi vida y el alcohol era muy malo, garrafón. Si querías beber agua tenías que coger unos vasitos pequeños de plástico y servirte de una fuente que había en el bar o en el restaurante a las horas de las comidas. Estaba exprésamente prohibido rellenar botellas de agua (¿todo incluido?).

Para conectarse a internet había dos ordenadores que por el módico precio de un euro 10 minutos y, atención a la oferta, 20 minutos dos euros (¿todo incluido?) tenían acceso a internet y la posibilidad de jugar a videojuegos. Lo curioso es que cerca del hotel había un locutorio en el que costaba 50 céntimos la hora.

Y para completar las facilidades de las que disponía el hotel había una báscula para pesar tu maleta, anunciada así: "Por un euro evítate los recargos de las compañías aéreas". Y un sofá para recibir masajes. Obviamente nada de esto iba en el todo incluido.

Y por último el restaurante. El servicio era bufet. Todo era malo, muy malo. Lo mejor era comer ensalada y sopas de sobre. Hacían la clásica reutilización de lo que sobra de la comida para la cena o de la cena para la comida. Los postres y el desayuno eran también malos y en general, la comida duraba para los primeros que llegaban. Los horarios solían ser de entre dos y tres horas, pero si llegabas en la última hora, lo que quedaba en el bufet no se parecía a lo que venía en la carta de la entrada. Por ser en Mallorca, un día en toda la semana pusieron sobrasada y ensaimada. Iluso de mí que creía que me iba a hinchar de productos típicos.

Algunos platos estaban sucios. Y todas las copas. Al principio mirabas para intentar encontrar una que estuviera limpia. Luego ya mirabas para encontrar la menos sucia y sin prestar mucha atención porque ojos que no ven, corazón que no siente. El colmo fue cuando encontré una copa con restos de carmín. Encima, las copas eran muy pequeñas y si querías beber lo mínimo que puede beber una persona en una comida o cena tenías que levantarte mil veces porque no había jarras ni botellas. Los refrescos eran de esos de máquina que los hacen con agua y polvo. La cerveza no estaba mal y el vino ni lo probé. El pan se ve que lo compraban una vez a la semana porque un día estaba bien, al siguiente un poco peor y al final quedaban menos variedades y estaba duro, hasta que volvían a comprar y se reponía todo y volvía a estar blando.

El servicio de picnic está compuesto por un tomate, dos piezas de fruta (supongo que de las que más haya en el bufet), aceite, vinagre y sal, un frito rebozado de esos precocinados (san jacobo, pollo rebozado, nuggets, etc), tres panecillos duros (dependerá del día) y cuatro lonchas de los embutidos que más haya en el bufet. Todo por persona.

La noche salió a menos de 80 euros, creo que 78. Diréis que por ese precio no está tan mal. Pues puede ser, pero eso no quita que sea muy cutre. Y que por lo menos, la limpieza, el agua caliente y el silencio por las noches debería estar garantizado con cualquier precio.

Estas vistas fueron lo mejor del hotel