El tercer día, después de desayunar en la sala
común unos zumos y unos batidos con bollos, cogimos el coche y tiramos para las cuevas
que nos había indicado la recepcionista. Llegamos sin problemas,
aparcamos los coches en el aparcamiento de las cuevas que estaba
totalmente vacío y nos pusimos todos a leer el cartel donde nos contaban
en alemán y en inglés que la hora de apertura eran las 10 por lo que
nos quedaba una hora de espera. La gente se fue a hacer fotos al lago
pero otro amigo (
Señor Deceto) y yo que nos quedamos leyendo el cartel
llegamos a una sección que nos llamó la atención.
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Fotos al lago. |
Estábamos cada uno
leyendo en silencio cuando llegué a la parte en la que estaban las fechas de apertura. Paré, miré
la fecha en mi reloj, miré al Señor Deceto, miré al cartel, miré al Señor Deceto,
me miró, miramos al cartel y decidimos llamar a los demás para
comunicarles que o entendíamos muy mal el inglés o habían pasado por
alto un detalle. Según el cartel, la temporada de apertura era "until
the last Sunday in October" por lo que habiendo llegado a Suiza en
noviembre, y aunque no indicara un día exacto, creíamos muy improbable
que estuvieran abiertas. Decepción y risas generales por igual,
recuerdos a la parda de la recepcionista que no nos advirtió y fotos y
subida a las cuevas que "ya que habíamos ido hasta allí, algo había que
hacer".
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Subida a las cuevas. |
Resultó que el camino que subía a las cuevas se
cruzaba con unas rutas de senderismo que estaban muy bien indicadas y en
las que se indicaba en un cartel que, casualmente, al pueblo siguiente al que
pensábamos ir para ver unas cascadas muy famosas se tardaba una hora y
cuarto. Pues ea, que nos vamos para allá
de treking, vemos las cataratas
y nos volvemos otra vez. Una hora de ida y una de vuelta. "No es
mucho". Y si a alguien no le apetece, se coge el coche, se va para allá y
nos espera tomando algo. Y así fue, dos amigas se llevaron los coches y
el resto
de treking. Haciendo esa ruta es donde yo empecé a flipar
con Interlaken, Suiza, el cambio climático y lo que uno cree cuando va a
ir a los Alpes en noviembre. Era un día tan soleado que acabamos en
manga corta, y en pantalón corto no, porque no podía. Yo, que había
llevado abrigo con forro polar, sudaderas gordas, camisetas de manga
larga, camisetas de manga corta, camiseta térmica, vaqueros gruesos,
pantalón corto, medias de fútbol, calcetines gruesos y botas de montaña
(no llevaba todo puesto porque mirando por la mañana el tiempo ya se vio
que no iba a ser necesario y uno es tonto pero no tanto), en manga
corta. En noviembre. En Suiza.
Total, que hicimos la
ruta en un tiempo un tanto superior a una hora. La Señorita Ceres y yo nos
adelantamos porque yo ya tan despacio no puedo y aún así fue más de una
hora y cuarto. Eso sería para gente con ritmo, gente que no va de
charleta, haciendo fotos y parando cada dos por tres porque no tiene ni
idea de si va en la dirección correcta o va a aparecer en medio de Suiza
solo, rodeado de pinos y lagos, sin saber alemán y sin saber donde
están los coches.
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De treking. |
¡Ah!... los coches. La pareja de conductoras llegó al
pueblo, aparcaron y ya que estaban allí fueron a preguntar dónde
estaban las cataratas. Las cataratas son famosas porque al parecer es
donde murió Sherlock Holmes en la última novela (¡uy! os he reventado el
final). Que ya ves tú que forma más tonta de hacerse famosas pero allí
que íbamos nosotros en un alarde de turismo inteligente fuera de lo
común. En fin, que me desvío, estaba preguntando la Señora Hathor como ir a las
cataratas en un inglés del estilo "Open atrás" y los lugareños del
pueblo les decían que cogieran el coche, tiraran para no sé donde 40
kilómetros y que allí las verían. A lo cual ella respondía que no, que eran unas
que estaban en ese pueblo, donde murió Sherlock Holmes. Y claro, pues
los lugareños que sí, que ya, pero que cogieran el coche, tiraran 40
kilómetros y allí están, tan bonitas y con su agua y sus cosas de
cataratas. Pero que en ese pueblo no había cataratas, que lo más
parecido era el lago que podían ver. Así que nada, tocaba esperar y luego, pues irse de allí a las
cataratas pero como la hora que supuestamente íbamos a tardar ya había pasado y no aparecíamos por ningún
lado, hubo un momento que empezaron a preguntarse si no serían ellas
las que estaban en un pueblo incorrecto y nosotros habíamos tomado la
ruta correcta por el sendero y nos íbamos a hacer unos bonitos 40
kilómetros a pie hasta allí por lo que empezaron las llamadas
telefónicas para disfrutar de esa maravilla que brinda la Unión Europea que es el roaming.